Historia de Jacob y las ovejas manchadas
Después de que Raquel dio a luz a José, Jacob habló con Labán. Jacob había vivido muchos años en la casa de Labán, había trabajado por Lea y Raquel, y su familia había crecido.
Entonces Jacob le pidió a Labán que lo dejara ir a su lugar y a su tierra. También le pidió que le entregara a sus mujeres y a sus hijos, por quienes había servido.
Jacob le recordó a Labán que él sabía cómo le había servido.
Todo parecía indicar que Jacob quería comenzar una nueva etapa con su propia familia. Pero Labán no quería que se fuera.
Labán reconoció que Dios lo había bendecido por Jacob
Labán le pidió a Jacob que se quedara. Le dijo que había entendido que Dios lo había bendecido por causa de él.
Qué momento tan importante. Labán reconocía que desde que Jacob estaba con él, sus bienes habían aumentado.
Luego Labán le dijo a Jacob que señalara cuál sería su salario, y él se lo daría.
Jacob respondió recordándole cómo había trabajado para él y cómo había estado el ganado bajo su cuidado. También le dijo que antes de su llegada Labán tenía poco, pero luego sus bienes habían crecido mucho.
Jacob reconoció que Dios había bendecido a Labán desde que él estaba allí. Pero también dijo algo importante: ahora debía trabajar por su propia casa.
¿Te imaginas ese momento? Jacob había servido muchos años en casa de Labán. Ya tenía esposas e hijos. Ahora quería proveer para su propia familia.
Entonces Labán le preguntó qué debía darle.
Jacob le respondió que no le diera nada, pero le propuso un acuerdo.
Jacob propuso quedarse con los animales manchados
Jacob le dijo a Labán que pasaría por todo su rebaño y apartaría los animales manchados, salpicados y de color oscuro. También se quedarían para él las cabras manchadas y salpicadas.
Ese sería su salario.
Jacob explicó que, en adelante, su honradez respondería por él. Si aparecía entre sus animales alguno que no fuera manchado, salpicado o de color oscuro, sería considerado robado.
Labán aceptó el acuerdo y dijo que fuera así.
Pero ese mismo día Labán hizo algo importante. Apartó los machos cabríos rayados y manchados, las cabras manchadas y salpicadas, todos los animales que tenían algo blanco, y todos los corderos de color oscuro.
Luego los entregó en manos de sus hijos.
Después puso una distancia de tres días de camino entre él y Jacob. Mientras tanto, Jacob se quedó apacentando el resto del rebaño de Labán.
La historia muestra que el acuerdo parecía claro, pero Labán separó los animales que podían favorecer a Jacob. Aun así, Jacob siguió trabajando con los rebaños.
Jacob trabajó con los rebaños de Labán
Jacob tomó varas verdes de algunos árboles y les quitó parte de la corteza, dejando al descubierto lo blanco de las varas.
Luego puso esas varas delante de los rebaños, en los canales de agua donde los animales venían a beber.
Cuando los animales se juntaban junto al agua, nacían crías rayadas, manchadas y salpicadas.
Jacob apartaba los corderos y ponía los rebaños mirando hacia los animales rayados y oscuros del rebaño de Labán. Así fue formando sus propios rebaños, separados de los de Labán.
También hacía una diferencia entre los animales más fuertes y los más débiles. Cuando los animales fuertes se juntaban, Jacob ponía las varas delante de ellos. Pero cuando eran débiles, no las ponía.
De esa manera, los animales débiles quedaban para Labán, y los fuertes para Jacob.
La Biblia cuenta este proceso de manera directa. Jacob trabajó con los rebaños, separó los animales y fue aumentando su ganado.
Jacob prosperó mucho
Con el tiempo, Jacob se enriqueció mucho. Llegó a tener muchos rebaños, siervas, siervos, camellos y asnos.
Qué cambio tan grande. Jacob había llegado a la casa de Labán sin grandes posesiones. Había trabajado muchos años. Ahora, después del acuerdo sobre los animales manchados, sus bienes crecieron mucho.
La historia no termina diciendo que todo fue fácil. Labán había cambiado el ambiente con sus acciones, y más adelante habría nuevas tensiones entre Jacob y la casa de Labán.
Pero en esta parte del relato, Jacob pasó de servir por la casa de Labán a comenzar a formar sus propios bienes.
Así termina la historia de Jacob y las ovejas manchadas. Jacob pidió volver a su tierra, Labán le pidió que se quedara, y ambos hicieron un acuerdo sobre los animales manchados, salpicados y oscuros.
Labán apartó esos animales y los puso lejos de Jacob. Pero Jacob siguió trabajando con el rebaño que quedó bajo su cuidado. Con el tiempo, tuvo muchos animales y llegó a ser muy próspero.
Qué nos enseña esta historia
La historia de Jacob y las ovejas manchadas nos enseña que Dios puede bendecir el trabajo de una persona aun en medio de situaciones difíciles. Labán reconoció que Dios lo había bendecido por causa de Jacob.
También nos enseña que Jacob había servido durante muchos años, pero llegó el momento en que debía cuidar de su propia familia. Por eso pidió trabajar por su propia casa.
Esta historia muestra que los acuerdos deben hacerse con claridad y justicia. Jacob propuso un salario visible: los animales manchados, salpicados y oscuros.
También vemos que, aunque Labán separó esos animales y los alejó, Jacob siguió trabajando, y su ganado aumentó mucho.
La historia de Jacob y las ovejas manchadas nos recuerda que Dios ve el trabajo, la paciencia y las circunstancias de cada persona. Jacob había servido por mucho tiempo, y finalmente comenzó a prosperar con sus propios bienes.
