Sansón y Dalila

Los enemigos de Sansón lo dejaron en paz por veinte años. Él llegó a ser juez de todo Israel. Sansón le enseñaba a la gente cómo obedecer las leyes de Dios. Durante ese tiempo, el espíritu de Dios hizo que Sansón fuera muy fuerte, era famoso por la fuerza. Con la ayuda del señor, Sansón podía hacer cualquier cosa. Los filisteos aún querían hacer prisionero a Sansón. Un día, después de tantos años. Sansón de enamoró de nuevo. La mujer que amaba se llamaba Dalila; era una mujer malvada. Ella hizo un trato con los filisteos. Iba a engañar a Sansón para entregarlo a sus enemigos. Ellos le darían a ella muchas monedas de plata.

Una y otra vez le decía a Sansón:

“¿Por qué eres tan fuerte? ¿Cuál es tu secreto?”

A Sansón no le gustaba tanta insistencia. Le recordaba la forma en que había perdido a su primera esposa. “por favor, Sansón, por favor. Dime cuál es tu secreto”, le decía a Dalila a Sansón mañana, tarde y noche. No se daba por vencida.

Ansiaba tener las monedas de plata.

Por fin, Sansón ya no pudo soportar más. “Está bien, mujer”, dijo refunfuñando. “Está bien, mujer”, dijo refunfuñando. “¡Ya basta! El secreto de mi fuerza es el señor. Él me hace fuerte siempre que mi cabello permanezca largo. Después que era pequeño, mis padres sabían que Dios tenía un plan para mí”.

Esa noche, Dalila llamó de nuevo a los filisteos. Hizo que Sansón se durmiera en su regreso. Se aseguró de que no se despertara cuando entraron los filisteos. Un hombre le cortó y cabello y cuando Sansón se despertó, ya era demasiado tarde. Sansón era muy débil para luchar contra los filisteos. Se lo llevaron prisionero y le pagaron a Dalila.

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