Gana el más fuerte

Cuando los filisteos se llevaron arrastrados a Sansón, se sentían felices. Después de veinte años, por fin habían capturado a Sansón, se sentían felices. Después de veinte años, por fin habían capturado a Sansón.

“¡Todo lo que teníamos que hacer era cortarte el cabello! ¡Ahora eres tan débil como un niño!”

Los m filisteos eran malvados. Le sacaron los ojos a Sansón para dejarlo ciego. Luego lo enviaron a la cárcel.

Pobre Sansón. No tenía esperanzas de escapar. Al poco tiempo le empezó a crecer de nuevo el cabello.

Poco a poco, sentía que el señor le devolvía las fuerzas. Nunca podría volver a ver. Sansón ansiaba poder algún día vengarse por todo lo que le había hecho los filisteos.

“¡Señor”, gemía, “devuélveme mi fuerza!”

Conforme pasaba el tiempo, Sansón se hacía cada vez más fuerte.

Un día, los filisteos tenían una gran fiesta en un salón inmenso. Había más de tres mil personas ahí.

“traigamos también a Sansón a la fiesta”, dijeron.

“Sí. Podremos reírnos de él”.

El guardia de la prisión llevó a Sansón a la fiesta. Al entrar al salón, Sansón le pidió al joven que lo guiaba que lo deja tocar las columnas que estaban en medio del salón. Estas columnas sostenían toda la casa.

Cuando Sansón tocó la piedra con sus manos, gritó: “¡Señor, Dios todo poderoso, por favor, devuélveme mi fuerza! Por última vez, permíteme hacerles daño a los filisteos. Por favor, señor, ayúdame a liberar a tu pueblo!”

El señor escuchó a Sansón. Su espíritu llenó a Sansón de fuerza.

Haciendo un esfuerzo enorme, Sansón empujó las columnas.

Empujo y empujó hasta que, de súbito, tras un enorme ruido, ¡una a una fueron cayendo las piedras!

“¡Déjame morir con los filisteos!”, gritaba Sansón. Y empujó con todas sus fuerzas de modo que toda la casa se vino abajo.

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