La bisabuela de un rey

Mientras duró la cosecha de cebada, Rut trabajó en los campos de Bóaz. Siempre llegaba a casa con más comida de la que necesitaban.

Cuando se acercaba el final de la cosecha, Noemí le dijo a Rut: “Eres tan joven y bonita. ¿Por qué no tratas de casarte con Bóaz?” cuando Rut estuvo de acuerdo, Noemí le dijo que tenía un plan.

Esa noche, Noemí envío a Rut a ver a Bóaz. Bóaz estaba durmiendo bajo las estrellas. Rut llegó donde él estaba y se acostó a sus pies. A medianoche, él despertó con un sobresalto.

“¿Quién está durmiendo ahí, a mis pies?”, susurró en la oscuridad.

“Soy yo, Rut. He venido a pedirle que piense si le gustaría que yo fuera su esposa. Después de todo, usted es parte de la familia de Noemí.

Necesito un esposo. Bóaz, usted siempre ha sido muy bueno conmigo”.

Bóaz se levantó. “Querida. Eres encantadora. Para cualquier hombre sería un honor tomarte por esposa.

Eres muy especial en venir a pedirme esto. ¿Quieres ser mi esposa?”

Rut asintió y Bóaz se inclinó para besarle. Bóaz y Rut sonrieron.

“Déjame hablar con los líderes del pueblo. Nos casaremos tan pronto como sea posible”, le dijo Bóaz.

Acaricio la mano de Rut vio a Noemí. Lego la besó otra vez y le dijo que se fuera a casa.

Cuando Rut vio a Noemí, le contó la noticia. Al día siguiente le contaron a todos los amigos. El día de la boda, hubo una gran fiesta. Todos los de Belén se hicieron presentes.

Con el paso de los años, Bóaz y Rut llegaron a amarse mucho. El señor los bendijo con un niño. Ruth y Bóaz se llevaron a Noemí a vivir con ellos. Así podían ayudarles a cuidar al bisnieto, Obed.

Obed creció y se convirtió en un buen hombre. Amaba a Dios y obedecía sus leyes. Muchos, muchos años después, David, el gran rey de Israel, fue parte de la familia de Obed. Así fue como Rut y Bóaz, por su lealtad y bondad, fueron bendecidos por Dios. Llegaron a ser los bisabuelos de un rey muy poderoso.

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