Noé y su familia en el arca

El viaje del arca de Noé

Cuando el arca estuvo terminado, la familia de Noé subió y dejó la puerta abierta. Muy pronto toda clase de animales, aves y reptiles se dirigieron hacia el arca de Noé. ¡Qué hermoso espectáculo! El ruido era tal que los vecinos de Noé salían a ver qué pasaba y luego movían la cabeza en señal de  desaprobación.

Los leones rugían, los burros rebuznaban, los perros ladraban, los pájaros trinaban y las ovejas valían. Los animales entraban al arca de dos en dos, y eran de todo tipo, color y tamaño. Los gusanitos ondulaban su cuerpo, los caballos hacían cabriolas y los conejos saltaban.

Cuando todos los animales estuvieron adentro, Dios cerró la puerta del barco y la aseguró para que ninguno se saliera. Y entonces comenzó a llover. Y llovió, llovió y llovió.

Cuantos días navego el arca de Noé

El diluvio universal

Llovió y llovió, llovió y llovió. El agua caía a torrentes del cielo. Llovió cuarenta días y cuarenta noches. La barca de Noé subía cada vez más alto. El agua la levantó y la llevó al otro lado de las montañas.

Al inundarse la tierra, todos los seres vivos se ahogaron. Todos murieron: las personas, los animales y los pájaros. No había ni un lugar seco en donde vivir. Había agua por todas partes.

Los días se hicieron semanas. Noé y su familia se quedaron dentro del arca; el sol no brillaba porque los nubarrones oscuros tapaban la luz.

Dios no olvidó la promesa que le había hecho a Noé. Cuando pasaron los cuarenta días, dios ordenó al viento que soplara sobre la tierra.

El fin de la tormenta

Cuando Noé despertó ese día, todo estaba oscuro. ¿Qué era diferente? Al momento lo supo. Ahora Noé podía oír las olas que golpeaban los lados del gran barco. Antes, el ruido de las lluvias no le permitía oír las olas. ¡Al fin había dejado de llover!

Noé correó por todo el barco y los despertó a todos. “¡Se acabó! ¡La inundación se acabó! ¡Démosle gracias a Dios porque puso fin a la tormenta!”

Pero se necesitaron varios meses más para que la tierra estuviera lo suficientemente seca  como para dejar salir los animales. Al salir, los animales sacudían la cabeza y hacían aún más ruido que cuando entraron al arca. Chillando y bufando, mugiendo y maullando, se abalanzaron de dos en dos sobre la rampa y corrieron por todas partes.

Noé y su familia le dieron gracias a Dios por haber cuidado a ellos.

Cuando Dios escucho las gracias, prometió que nunca más volvería a destruir a todas las seres vivientes. Entonces Dios buscó todos los colores e hizo el primer arcoíris. “Pongo mi arcoíris en las nubes como señal de mi promesa de nunca más inundar toda la tierra”.

Así termina la historia de Noé y el diluvio, para informarse más de esta historia, puedes leer en la Biblia el libro de Génesis capítulo 6 y el capítulo 7, del antiguo testamento.