Historia de Nacimiento de Moisés

Un bebé en un bote

La familia de José se fue a vivir a Egipto. Vivieron ahí por cientos de años. Al hacerse muy numerosa, la familia de José era conocido como los israelitas o hebreos.

Cuatrocientos años después de que José llevara su familia a Egipto, empezó a reinar como faraón un hombre malvado. No le gustaban los israelitas. El faraón los convirtió en esclavos a todos. ¡Luego ordeno matar a todos a todos los varones hebreos recién nacidos!

La mamá de uno de los bebés hizo todo lo posible para que su hijo viviera. Era un bebé muy hermoso, con ojos negros muy vivaces. ¡Durante tres meses logró tener el bebé escondido. Pero sabía que se le estaba acabando el tiempo.

“Debe haber algo que podamos hacer para salvarlo”, le decía al esposo. Noche tras noche oraban para que se le ocurriera algo. Los otros niños, Miriam y Aarón, oraban con ellos.

Entonces la familia tuvo una idea. La madre tejió una canasta con mimbre. Tomaron al bebé, lo envolvieron en telas suaves y lo pusieron en la canasta.

Miriam y su madre llevaron la canasta al rió. La pusieron en el agua. “Miriam, cuídalo”, dijo la madre.

 

Salvado por una princesa

Dios había escuchado las oraciones de la familia del bebé. Él tenía planes muy especiales para ese niño. La canasta se fue flotando rió abajo. Entonces una de las hijas del faraón, una princesa, decidió ir a nadar en ese preciso momento.

La princesa estaba de pie en el agua. Reía junto a sus sirvientes. El sol brillaba y parecía que los pájaros también reían con ellas. La princesa le lanzo agua a una de sus acompañantes. Al poco tiempo las muchachas le estaban lanzándose agua, riendo y corriendo una detrás de otra.

De repente, una de las sirvientes vio la canasta. “Su alteza, venga a ver lo que nos ha traído el rio”, le dijo. Llevo la canasta hasta la orilla y la puso en la arena.

“Ahhhh”, exclamaron las muchachas. Dentro de la canasta estaba un hermoso bebé. Se había descobijado y estaba llorando.

“Debe ser un niño hebreo”, dijo la princesa. Ella sabía que su padre había ordenado matar a los niños hebreos. Por eso este bebé era aún más preciado. “tiene tanta hambre. ¿Hay algo que podamos darle?”

Miriam había estado observando y orando. Ella quería que la princesa le salvara la vida de su hermanito.

Entonces corrió hacia la princesa. “conozco a una mujer hebrea que podría alimentarlo. ¿Quieren que vaya a traerla?”

“sí. Una vez que pueda comer por sí solo podrás traerlo a mí de nuevo”.Entonces el bebé volvió con su familia. Ahí, sus padres, su hermano y su hermana lo amaban y lo cuidaban. Todos le daban gracias a Dios por responder a sus súplicas.

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