Los Israelitas Salen de Egipto

Dios indica el camino

Todo el pueblo de Israel se reunió en un lugar. Dios le indicaba el camino durante el día mediante una columna de nube. Salieron todos juntos y la siguieron. En la noche se convertía en una columna de fuego para alumbrarlos. Así la gente siempre sabía por dónde ir.

Dios los condujo por el desierto hacia el mar rojo. Los israelitas eran un pueblo muy numeroso. Formaban una franja más ancha que el mismo camino en el desierto. Como llevaban muchos animales, levantaban una inmensa nube de polvo al caminar.

En Egipto, el faraón había cambiado de parecer. “¿Quiénes van a construir los edificios y a fabricar los ladrillos?”, se preguntaba.

Entonces el faraón reunió seiscientos carruajes de los mejores hombres de su ejército.

Emprendieron la persecución del pueblo de Israel.

“Acampa en las orillas del mar Rojo”, le dijo dios a Moisés. El faraón pensara que estas atrapado entre e agua y su ejército. Pero esta será otra oportunidad para que yo demuestre mi poder. Los egipcios sabrán que soy Dios.

El pueblo de Israel acampó donde Moisés le dijo. Pero algo estaba mal.

Los que estaban en las orillas del campamento podían sentir las vibraciones en el suelo. Levantaron la mirada y vieron que se acerba una nube de polvo. Se oyó un grito.

¡El faraón los perseguía! Y ellos estaban ahí, sin poder moverse a ningún lado que no fuera el agua.

“¡Estamos atrapados!”, gritaban.

Le gritaron a Moisés: “¿Qué nos has hecho? Nos sacaste de Egipto para que nos mataran en el desierto? ¡Mejor nos hubiéramos quedado como esclavos! ¡Así al menos aún estaríamos vivos! ”

Moisés les dijo: “No, No estamos atrapados. Dios luchará por nosotros. Lo único que tienen que hacer es quedarse tranquilos. Confíen en él”.

La gente no le creía a Moisés. Tenía pánico. Corrían de un lado a otro del campamento. Caminaban por la orilla como animales enjaulados.

Algunos hombres trataron de planear algo para que la gente cruzara el agua. Los niños comenzaron a gritar y a correr por todas partes. Los bebés lloraban. Las mujeres veían acercarse los carruajes. ¡En cualquier momento llegarían el faraón y sus seiscientos hombres!

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