Moisés lucha por la libertad

Cuando él bebe tenía más o menos tres años, su familia se le devolvió a la princesa. Ella le sonrió y dijo. “Este niño será como mi propio hijo”.

Cuando Moisés creció supo que era hebreo y no egipcio. Siempre que veía que su pueblo era tratado como esclavo, se enojaba mucho. “No es justo”, le suplicaba a la princesa.

Ella le decía: “no podemos oponernos a lo que hace el faraón. Él es el rey”.

Pasaron los años y moisés se hizo hombre. Un día, cuando caminaba por la calle, vio que un egipcio golpeaba a un esclavo hebreo.

¡No!”, le grito. Lo golpeo contra la pared y el egipcio cayó muerto en la arena. Entonces Moisés lo enterró ahí mismo. Al día siguiente Moisés vio a dos hebreos que peleaban. “¡No!”, le dijo a uno de ellos, “¿Por qué están peleando?”

Los hebreos notaron la ropa fina que vestía Moisés. “¿Quién es usted para decirnos que no golpeemos? ¿No mato usted a un egipcio ayer?” se rieron pues sabían que el faraón mandaría a matar a Moisés en cuanto se entera de lo que había hecho.

Moisés sintió miedo. “Si estos dos esclavos saben que yo mate al egipcio, ¿Quién más lo sabrá?”, se preguntó.  “Debo irme de egipcio, y pronto”.