El gran error de Pedro

Pedro había seguido a la gente que arresto a Jesús. Estaba demasiado asustado para ayudarlo. Cuando vio que llevaban a Jesús a la casa del sacerdote principal, decidió esperar.

El patio estaba lleno de soldados.

Algunos de ellos habían encendido un fuego para mantenerse calientes.

Cuando Pedro se sentó junto al fuego, se le acercó un sirviente. Ella se quemó mirándolo y dijo: “Usted es uno de los amigos del prisionero”.

Pedro esperaba que nadie la hubiera escuchado. “¡No! ¡No!”, dijo en voz alta, “No se dé que hablas”.

Luego salió hasta el portón de la entrada. Ahí, otra muchacha lo vio.

Ella dijo: “Este hombre estaba con Jesús de Nazaret”.

“¡No! ¡No! Usted debe estar confundiéndome con alguien. ¡Ni siquiera conozco a ese hombre!”

Después de un rato, unos hombres se le acercaron. Uno de ellos conocía al hombre a quien Pedro le había cortado la oreja. “Usted es uno de los seguidores. Lo vi con él en el huerto de olivos hace tan solo unas horas”.

“si. Este hombre es de Galilea. Habla igual que ellos”, dejo otro hombre.

El corazón le latía más y más rápidamente a Pedro. Juro y grito a viva voz: “¡Ni siquiera conozco a ese hombre!”

No había Pedro terminado de hablar cuando oyó cantar un gallo.

Jesús se volvió y miro a Pedro a los ojos. Entonces Pedro recordó lo que Jesús le había dicho: “Antes de que cante el gallo, habrás dicho tres veces que ni siquiera me conoces”. Pedro lloro y lloro por lo que había hecho.

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