Pedro opone resistencia

Pedro no podía creer que los enemigos se estuvieran llevando a Jesús. Se dirigió rápidamente hacia el grupo enojado. Moviendo en alto la espada gritaba: “¡Atrás! ¡Suelten al Maestro!”

Golpeo al que estaba más cercano. Con un silbido de la espada, le corto una oreja un esclavo. Este hombre trabajaba para uno de los jefes de los sacerdotes. Pedro se quedó mirando la oreja.

“¡Alto! ¡Haz la espada un lado!

¡Quienes le hacen daño a los demás terminan por hacer daño  a si mismo!” Después Jesús le toco la oreja al esclavo y se le sano.

Le dijo a Pedro: “Si yo hubiera querido oponerme resistencia, le habría pedido a mi padre que enviara a miles de ángeles a luchar por mí. Si hiciera eso, no estaría haciéndolo que mi padre desea. ¿No lo ves? Si luchas contra ellos, no puedo hacer lo que vine a hacer”.

Luego Jesús se dirigió a sus enemigos: “No había razón para que me tomaran prisionero así, con palos y espadas. No soy un ladrón. Todos los días he predicado en el templo. Fácilmente me pudieron haber arrestado ahí”.

Cuando los guardias se acercaron.

Pedro y los otros discípulos corrieron y se escondieron. Teníamos miedo de ser arrestados junto con Jesús.

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