La espera de un milagro

Un día Jesús visito una puerta especial en Jerusalén llamada Betesda. Cerca de esa puerta había una alberga con grandes alrededor.

Sobre las gradas había mucha gente enferma. Esperaban que se movieran el agua en la alberga. Creían que a veces un ángel de Dios venia y movía el agua. El primero que entrara en el agua después de que llegara el ángel, se aliviara.

Cuando Jesús pasó junto a la alberga, vio a los enfermos que se quejaban y se lamentaban. Algunos yacían boca arriba, moribunda. Un hombre había esperado durante treinta u ocho años a que se movieran el agua.

Jesús le pregunto: “¿Quieres sanarte?”

El enfermo le contesto: “Señor, no tengo a nadie que me meta en el agua cuando se mueva”.

Pero eso no era lo que Jesús le había preguntado. Jesús quería saber si el hombre quería sanar. Aun así, Jesús le dijo: “Levántate. Toma tu cama y anda”.

El hombre sintió que su cuerpo se ponía tibio. En un instante, el hombre había sanado: ¡Recogió su cama y comenzó a caminar!

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