La semilla de mostaza y la levadura

Los discípulos de Jesús le preguntaron sobre el reino de Dios. Ellos sabían que cualquiera podría pertenecer a este reino tan pronto como decidiera seguir a Jesús. Ellos sabían que Dios era el rey, pero, ¿cómo era el reino?

Jesús les dijo que el reino de los cielos era como la semilla de mostaza. Esa es la más pequeña de todas las semillas. Una vez que comienzan a crecer las raíces de una semilla de mostaza, esta crece y se convierte en una planta enorme. Las plantas de mostaza a menudo son las más altas de un huerto. A las aves les gusta mucho construir sus nidos en ellas.

Jesús usó otra historia para enseñar la misma lección. “El reino de Dios es como un poquito de levadura que una mujer pone en la harina”. Esa pizca de levadura tiene el poder de convertir toda la masa de harina en una hogaza de pan.

Ambas historias decían que los pequeños inicios en el reino de Dios pueden crecer de manera grandiosa. Aún si una persona tan solo susurra bajito: “Sí, Jesús, creo”, ese pequeño inicio puede ser el principio de una fe realmente grande.

Jesús se valía de historias para enseñarle a la gente. Así podría hacer más interesante y claro lo que él les hablaba. Después les explicaba las historias a sus discípulos. Él quería que ellos aprendieran y se hicieran sabios al comprender cada vez más.

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