Nace Jesús





Era muy temprano en la mañana. José había puesto la carga sobre el burro. María se sentó entre los paquetes que José había atado. Juntos se dirigieron a Belén, en Judá.

El Emperador de Roma, César Augusto, les había ordenado a todos que regresaran a los pueblos de dónde venían sus familias. Él quería que sus soldados contaran a las personas de las tribus de Israel. La familia de José venía de Belén, así que tenía que ir ahí.

“Me gustaría que no fuera hoy”, dijo José. “El bebé nacerá pronto”.

María asintió. Ella trataba de mantenerse sobre el burro. Pero no era fácil. El bebé que llevaba dentro era tan grande que a menudo ella perdía el equilibrio. “Este será un día muy largo”, se dijo María.

Pasaron las horas. Cuando salió el sol, hacía mucho calor. María quería dormir, pero sabía que si lo hacía se caería. Caminó un ratito. Pronto se sintió tan cansada que José la subió de nuevo al burro.

Finalmente llegaron a Belén. Las calles estaban llenas de gente. Los niños corrían por todas partes. ¡Había tanto ruido! De repente, María sintió que su estómago se estiraba.

“José, el bebé. Creo que el bebé va a nacer”.

José empalideció. “Tenemos que llevarte a algún sitio tranquilo, lejos de esta multitud”, le dijo.

La pareja fue de casa en casa. Preguntaban si alguna familia tenía un cuarto desocupado. Nadie les dijo que sí.

En un momento dado, José se quejó. “¿No hay algún sitio en donde podamos pasar la noche?”

“Bueno”, les dijo un hospedero, “podrían ir a las afueras de la aldea. Cerca de los prados, hay una colina. Ahí, en una cueva, guardo mis animales. Llévala a la cueva. Pon un poco de paja fresca. Ahí nadie los molestará. Al menos es un sitio tranquilo”.

José le dio las gracias mientras se alejaba. Corrió donde estaba María. Ella se apoyó en él y juntos salieron de la aldea.

Una vez que María estuvo a salvo en la cueva, José se tranquilizó. Él había orado tanto para que todo saliera bien. Se sentía mal de que su esposa diera a luz a su bebé en una cueva donde vivían los animales. Pero María y José no tenían otra alternativa.

Cuando nació el bebé, José alzó al pequeño bebé en sus brazos. María le dijo: “Este es Jesús”.