Jesús Visita a Marta y María

Marta Y María

Jesús quiere ser amigo de los buenos y de los malos, de los desconocidos y de los que le siguen. Cuando Jesús estuvo aquí en la tierra, tenía tres buenos amigos además de sus discípulos. Eran dos hermanas, María y Marta, y su hermano Lázaro. Ellos le abrieron las puertas de su casa. Le pidieron que la hiciera su casa. Cuando Jesús viajaba, a menudo se quedaba en casa de Marta, María y Lázaro. Era un buen sitio en donde descansar y alejarse de las multitudes.

Durante una de sus visitas, Marta aprendió una lección muy importante. Jesús descansaba en la habitación principal. Estaba hablando con María. Marta estaba muy feliz de que Jesús estuviera con ellos de visita. Quería que todo saliera bien. Se dedicó a cocinar y a limpiar la casa.

“Quiero que esta sea una noche perfecta”, se dijo a sí misma. Solo había un problema. Era imposible que Marta hiciera todo el trabajo sola. Se afanaba mucho, recogiendo hierbas y legumbres de la huerta, limpiando y cocinando.

Desde la cocina, Marta vio que su hermana Marta no estaba haciendo nada. María estaba sentada a los pies de Jesús, escuchando lo que él le decía. “No me ayuda ni un poquito”. Se dijo Marta. “¡Y todavía hay tanto que hacer!”

En ese momento. Jesús miró a Marta. Se puso de pie y cruzó la habitación. “Señor”, le dijo ella. “¿no le importa que mi hermana me haya dejado todo el trabajo? Por favor. Dígale que me ayude”.

Pero Jesús le contestó: “Marta, Marta. Estás tan preocupada y tan ocupada con tantas cosas. Muy pocas cosas merecen tanta preocupación. En realidad solo una. María quiere escuchar lo que enseño. Eso es bueno y no se lo debemos impedir. ¿Por qué no haces tú lo mismo?”

Marta lo miró. De súbito, se calmó. Sintió cómo sus músculos se relajaban. Hasta sonrió y abandonó el ceño fruncido que había tenido toda la mañana. Asintió y siguió a Jesús de regreso a la habitación. Ahí se sentó en el suelo, junto a su hermana. Juntas escucharon las palabras de Jesús.

A partir de entonces, Marta se aseguró de que trabajar para Jesús nunca fuera más importante que llegar a conocerlo mejor. Esa es una lección que deberían recordar lodos los que siguen a Jesús.

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