La muerte de Jesús

Las cruces de los otros dos hombres estaban cerca de la de Jesús. Los dos eran ladrones. Uno de ellos se rio de Jesús. “¡Sálvate y sálvanos a nosotros! Se supone que eres el Cristo ¿verdad?”

El otro ladrón le dijo: “Deberías tener más temor a Dios. Este hombre no hizo nada malo”. Luego grito: “Jesús, ¡recuérdame cuando estés en tu reino!”

Jesús le dijo: “T e prometo que hoy estarás conmigo en el paraíso”.

Después de estar en la cruz durante seis horas, Jesús grito: “¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?”

Durante esas horas en que estuvo en la cruz, Jesús se convirtió en el mediador entre el pueblo y Dios.

Jesús es el camino mediante el cual Dios llega a cualquier hombre, mujer, niño o niña.

Esa tarde, toda la tierra se oscureció de tinieblas. La oscuridad cubrió tanto la ciudad como el campo.

Jesús también estaba en la oscuridad. Por primera vez y única vez en la vida de Jesús, Dios le volvió la espalda a su Hijo. Cuando Jesús tomo sobre si el pecado del mundo, sintió el dolor y la pena causada por todos los pecadores.

Jesús me dijo nada durante mucho tiempo. Sufría muchísimo y moría muy lentamente. “¡Padre, te entrego mi espíritu!” Jesús ya había sufrido suficiente. El precio había sido pagado. Ahora estaba abierto el camino de regreso a Dios.

Luego Jesús grito de nuevo: “¡Llego el final!” era un grito de batalla después de la victoria. Jesús bajó la cabeza y respiro por última vez. Jesús había muerto.

Las cortinas del templo se rasgaron

En el monte en que Jesús grito, le entrego su espíritu a su padre. La cortina del templo se rasgó. Esta marcaba la entrada hacia la parte más sagrada del templo. Este sitio era lo más cerca de Dios que alguien podía llegar. Solo al sacerdote principal se le permitía entrar, y solo una vez al año.

Algo muy especial sucedió cuando la cortina se rasgó por limitad. Al morir Jesús, quería decir que la gente ya no tenía que esperar a que el sacerdote principal orara a Dios por ellos. Jesús había muerto por todas las personas. Abrió un camino para todos llegaran hasta Dios.

Entones ya la cortina no era necesario. Cualquiera podía llegar a Dios, gracias a Jesús.

Jesús había muerto. El cielo estaba oscuro. Se escuchó un ruido terrible.

La tierra tembló. Grandes rocas se desprendieron y rodaron por las colinas. Muchas cosas muy extrañas sucedieron esa tarde cuando murió Jesús.

“¿Por qué esta tan oscuro?”., gritaba la gente.

“¡Es el fin del mundo! ¡Nos están castigando!”

Hombres y mujeres lloraban de miedo. Corrían a todo lado. El pánico se apoderó e al ciudad muchas de las tumbas, que eran los lugares donde se enterraban a los muertos, se abrieron. Los muertos resucitaron.

Después, estas personas caminaban por Jerusalén como si nunca hubieran muerto.

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