La historia de Tomás

Cuando Jesús se les apareció a los discípulos, faltaba uno de los once. Este era un hombre llamado Tomás.

Después de que Jesús se fue, Tomás regresó a la habitación donde todos estaban escondidos. Cuando entró, los discípulos le dijeron: “Tomás, Tomás, ¡es cierto! ¡Hemos visto a Jesús! ¡Está vivo!”

Él les dijo: “No, no lo creo hasta que vea la marca de los clavos en sus manos. Tengo que poner mi dedo donde estuvieron los clavos. Si puedo tocarle el costado, les creeré”.

Ocho días después, Jesús visitó nuevamente a los discípulos. Esta vez Tomás estaba con ellos. Jesús caminó a través de la puerta cerrada. De pie en la habitación les dijo: “¡Que la paz sea con ustedes!”

Luego dijo: “Tomás, ven aquí y mira mis manos. Toca las heridas de mis manos. Pon tu mano en mi costado. Deja ya de dudar y cree”.

Tomás se sentía muy avergonzado de no creer. Bajó la cabeza y dijo: “Mi Señor y mi Dios”.

Jesús le dijo: “¿Ahora crees porque me has visto? Habrá muchos que no habrán visto y aun así desean creer. Esas personas son especiales para mí”.

Jesús estaba hablando de personas como tú y como yo. ¿Tú crees, o dudas como Tomás?

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