Más personas son sanadas

Los ciegos que vivían en la época de Jesús no tenían ninguna oportunidad de vivir una vida normal. No había libros en braille, que se pueden leer con el tacto. No había perros guías, que pueden ayudarle a una persona ciega a cruzar las calles. Los ciegos de la época de Jesús solamente podían ser limosneros Les era imposible encontrar trabajo. Estaban desamparados.

A todas partes donde iba Jesús, la gente que estaba enferma del cuerpo o del alma lo seguía. Le suplicaban que los sanara. Curara. Un día, dos ciegos seguían a Jesús. “¡Tenga misericordia de nosotros, Hijo de David!”, le dijeron.

Jesús fue a casa de un amigo. Los dos hombres lo siguieron. Ahí, se volvió hacia ellos y les preguntó: “¿Realmente creen que puedo devolverles la vista?”

Los dos hombres eran amigos. Ambos habían oído las historias de que Jesús sanaba a la gente. Ellos creían que él era el Mesías. Habían tropezado a lo largo de todo el camino, golpeando a la gente mientras seguían a Jesús. Ahora estaban a solas con él. “Sí, Señor”, le dijeron.

Jesús extendió sus manos y les tocó los ojos. Dijo: “Lo que crean puede suceder, de verdad. Tan solo sigan creyendo”.

De pronto, los hombres podían ver la luz y los colores. Después los objetos borrosos se convirtieron en objetos reales. Gritaron de alegría al ver el rostro de Jesús que les sonreía. Donde había habido oscuridad, ¡ahora había luz!

Los hombres estaban tan felices que salieron y le contaron la buena noticia a todos los que se encontraron.