Jesús y Herodes

“¿Qué dijeron?”, les pregunto Pilato a los líderes religiosos. “¿Dijeron que este hombre es de Galilea? Si es así, entonces debería ser juzgado por Herodes. Él es quien está a cargo de esa región y no yo”.

Pilato no quería tener nada que ver con Jesús. “No ha hecho nada malo”, se dijo así mismo. Pilato vio como los guardas se llevaban a Jesús donde Herodes.

Herodes estaba en Jerusalén en esa época. Había llegado para ver las fiestas de Pascua. Cuando Herodes vio a Jesús, se sintió muy satisfecho.

Hacía tiempo quería conocer al hombre del que todos hablaban.

“Quizás hasta haga algunos milagros”, pensó Herodes.

Herodes se sintió desilusionado.

Le hizo muchas preguntas a Jesús.

Jesús no le dio respuestas. Los líderes religiosos estuvieron presentes todo el tiempo, gritándole a Jesús.

“¡Es un criminal peligroso!”

“¡Se llama a si mimo el Mesías!”

“¡Deberías condenarlo!”

Herodes se cansó del silencio de Jesús. Él y sus soldados se unieron a los líderes religiosos. Se burlaban de Jesús. Le pusieron una túnica larga y se reían:

“¡Ja, ja! ¡Ahora si te vez como un verdadero rey!”

“¡Llévenlo a este tonto de regreso donde Pilato!”, ordeno Herodes. “No me hagan perder el tiempo.

¡Sáquenlo de aquí!”.

Entonces Jesús se fue de regreso donde Pilato. Era algo muy extraño.

Antes de ese día, Pilato y Herodes habían sido enemigos. Eran dos romanos que peleaban entre sí por tener más poder. Después de ver a Jesús, se hicieron buenos amigos.

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