El recolector de impuestos dice que sí

Un día que Jesús caminaba por la calle, paso junto a una mesa donde se sentaba un recolector de impuestos.

A los judíos no les gustaban los recolectores de impuesto. Trabajaban para los romanos, que eran enemigos de los judíos. A nadie les gustaban los recolectores de impuestos porque eran era unos verdaderos tramposos.

Al pasar junto al recolector de impuesto llamado Mateo, Jesús le dijo: “¡Sígueme!”.

Mateo ya había oído hablar de Jesús. Él quería seguirlo, pero Mateo tenía miedo de que Jesús lo rechazara. Después de todo, Mateo era recolector de impuesto. Mateo saltó de la silla. Dejo atrás los libros y la caja con el dinero. Mateo siguió a Jesús.

Unos días después, Jesús cenaba en casa de Mateo, junto a él había otros recolectores de impuesto y tramposos.

Cuando los líderes religiosos vieron esto, no les gusto. Les dijeron a los seguidores de Jesús: “¿Por qué Jesús come con toda esta gente malvada?”

Jesús dijo: “¿Necesito un médico aquel que está sano? No. Son los enfermos los que necesitan ayuda”.

Entonces les dijo que reconocieran en que era mejor preocuparse por la gente con problemas, que perder el tiempo tratando de obedecer leyes que solo les hacían daño a las personas.

Esta era una enseñanza nueva para los líderes religiosos. Estaban acostumbrados a pensar en las leyes de Dios como razones para castigar y juzgar. Jesús les dijo que Dios les había dado las leyes para que supieran la diferencia entre el bien y el mal. Se suponía que debían amarse y ayudarse unos a otros.

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