El rey sirviente

Jesús miro a sus doce amigos más cercanos. Estos eran los hombres que continuarían su trabajo unas aves que el regresará al cielo. Él amaba a esos hombres. Los había amado desde un inicio. Los amó hasta el final.

Jesús sabía que el padre le había dado la oportunidad de escoger. Al igual que todos, el hijo del hombre podía decidir  seguir el plan de Dios tenia para su vida. O podía alejarse del plan y seguir su propio camino.

Jesús venia de Dios. El quería regresar a Dios. Siempre estaría del lado de Dios. Miro alrededor, a sus discípulos, y luego se puso de pie.

Los discípulos dejaron de hablar.

Vieron la forma que Jesús vertía agua en un recipiente. Luego los miro.

“Mis amigos”, dijo, “nadie les ha lavado los pies”. Se dirigió hacia cada uno de ellos y se arrodillo. Después Jesús les quito las sandalias y le salvo los pies. Lugo se secó con una toalla que se había atado en la cintura.

Jesús era el Maestro y el líder de estos hombres. Sin embargo, se suponía que solo un esclavo hacia lo que él estaba haciendo. Con sus propias manos y un recipiente con agua, lentamente lavo la arena y el polvo de los pies de estos hombres.

Pedro ya no podía soportar más. Grito: “Señor, ¿Qué está haciendo?

Señor, ¿también va a lavarme los pies a mí? ¡Este e sin trabajo para un esclavo!”

“Ahora no entiendes por qué lo ago. esto. Pero algún día lo  comprenderás”, le dijo Jesús.

Pero le contesto: ¡No! ¡Nunca! ¡Nunca debería tener  que lavarme los pies!” pedro no podía ver que Jesús, su rey, actuara como un esclavo.

“Pedro, si no tres lavo, no te acercaras a mí”.

Cuando Pedro oyó esto, dijo: “Entonces, no me laves solamente los pies, señor. Por favor, lávame las manos y la cabeza también”. Aun así, Pedro no entendió verdaderamente lo que Jesús estaba haciendo ni por qué lo hacía.

La verdadera razón

Cuando Jesús termino, se puso de nuevo la túnica. Se sentó nuevamente. Después se dijo porque actúa como esclavo.

“¿Ustedes saben que es lo que estaba haciendo? Ustedes me llaman maestro y señor con la razón. Sí yo, que soy su señor con toda razón. Si yo, que soy su señor, les lavo los pies. ¿Qué creen ustedes que deberían hacer los unos por los otros?”

Los discípulos habían estado discutiendo sobre cuál de ellos era el más importante. Ahora les dijo: “Les di un ejemplo para que lo sigan. Esta es la forma de llegar a ser verdaderamente importante.

“Todo el que creen lo que le digo, no estar simplemente creyendo en mí, sino también en mi padre que me envió”. Aquellos que siguen el ejemplo de Jesús, están haciendo lo que Dios quiere.

Jesús sabía que sus discípulos necesitarían toda la ayuda posible para comprender lo que sucedería los días siguientes. Les esperaba tiempos difíciles. Si aprendía a ser serviciales entre sí, sería más fácil hacerle frente a los tiempos difíciles.

Tendrían la bendición del señor si tan solo decidieran oír y escuchar.

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