El acto de amor de María

Jesús iba de regreso a Jerusalén por última vez antes de morir. Durante la última noche antes de entrar en la ciudad, Jesús se quedó con Lázaro, María y Marta.

Esa noche, mientras Marta servía la cena, algo extraño sucedió. María, quien había amado y adorado a Jesús desde el principio, hizo algo muy especial. Derramó sobre él un perfume muy, muy cara caro.

María sabía que Jesús se iría pronto. Esta era la forma en que María le demostraba a Jesús que era su rey. María vertió el aceite perfumado en la cabeza de Jesús. Luego se arrodilló y esparció el perfume en los pies de Jesús. Luego le secó los pies con el cabello.

Los otros huéspedes miraban en silencio. Nadie se movía. El rico aroma se esparció por toda la habitación. Pero hubo algunos a quienes no les gustó lo que María había hecho. Ellos creían que María debería haber vendido el perfume para luego dar el dinero a los pobres.

“No la molesten”, dijo Jesús. “Ella hizo algo muy hermoso por mí. Ustedes siempre tendrán a los pobres con ustedes. Pueden ayudarlos cuando quieran. Pero no siempre me tendrán a mí aquí con ustedes. “La historia de lo que María hizo esta noche será contada una y otra y otra vez. La gente nunca la olvidará por esto”.

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