Las mujeres lloraban

Los soldados obligaron a Jesús a cargar dos pesados trozos de madera en cruz. Mientras subían la colina.

Jesús caía y tropezaba. Los soldados le dijeron a un hombre llamado Simeón que lo llevara a la cruz de Jesús.

Un grupo de mujeres había seguido a Jesús colina arriba. Lloraban por Jesús. Él se volvió hacia ellas: “No lloren por mí. Lloren por Jerusalén. Esta ciudad le dio la espalda al Mesías”.

Jesús en la cruz

Jesús apenas si podía mantenerse en pie. Estaba muy débil. El látigo le había hecho heridas en la espalda. La sangre que le sacaba la corona de espinas le corría por el rostro.

Uno de los soldados llego hasta Jesús. Le obligo a beber un poco de vino con alguna medicina para que le aliviara el dolor. Después de probarlo, Jesús movió la cabeza en señal de negativa.

Luego los soldados colocaron a Jesús en la cruz. Le clavaron los pies y las manos en la madera.

Los últimos momentos

Clavaron a Jesús. Sobre la cabeza pusieron un rotulo que decía: “Este es el rey de los Judíos”. Un soldado se burló de Jesús. Es más, mientras él estaba en la cruz, los soldados jugaban dados para ver quien se quedaba con la túnica de Jesús.

Algunos le gritaban: “Si eres el hijo de Dios, baja de la cruz!”

No todos los que estaban alrededor de Jesús querían hacer daño. Entre las mujeres estaba su madre, otra María y María Magdalena. Jesús vio a su madre y a Juan juntos. Le dijo:

“Madre, este hombre es ahora tu hijo”.

Luego le dijo Juan: “Esta es ahora tu madre”. A partir de ese día, Juan cuido de María, la madre de Jesús.

Hasta en sus últimos momentos cuido Jesús de aquellos que lo amaban.

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