Pilato trata de liberar a Jesús

Pilato no estaba muy feliz de ver que los guardas le traían a Jesús de regreso.

Pilato sabía que Jesús no había hecho nada malo. Los líderes religiosos estaban celosos de la popularidad que tenían Jesús entre la gente. Pilato pensó mucho en eso.

¡Entonces tuvo una idea! Había una forma de liberar a Jesús. Quizás funcionaria…

Cada Pascua, el gobernador podía dejar en libertad a un prisionero. El pueblo escogía cual prisionero quería.

Pilato tenía la esperanza de que ese año la gente escogiera a Jesús.

Ahí estaba el otro prisionero que el pueblo podía liberar. Se llamaba Barrabás. Era un asesino, un hombre muy malvado. Cuando la multitud estuvo lista, Pilato pregunto: “¿A quién quieren que libere, a Barrabas o a Jesús?”

La sentencia de muerte

Mientras Pilato esperaba que la multitud decidiera, su esposa le envió un mensaje. “Ten cuidado. No dejes que maten a Jesús. Tuve un sueño terrible con él anoche. Desde entonces estoy muy preocupada”.

Los líderes religiosos habían enviado a sus hombres a que se mezclaran con la multitud. “Pidan a Barrabas”, le decían a la gente.

“Digan al gobernador que ustedes quieren que Jesús muera”.

Pilato ordeno a Jesús y a Barrabas que se pusieran de pie frente al pueblo. “Entonces, ¿A cuál hombre quieren que libere?”, les pregunto de nuevo.

“¡A Barrabas!”, gritaron.

Esto sorprendió a Pilato. “¿Qué debo hacer con Jesús?”

“¡Crucifíquenlo!”

“¿Por qué? ¿Qué mal hizo?”

Gritaban más alto: “¡Crucifíquenlo! ¡Crucifíquenlo!”

Tres veces trato Pilato de persuadir a la gente para que no le  hicieran daño a Jesús. “No hay razón para matar a este hombre. ¿Por qué no me permiten simplemente castigarlo y luego dejarlo libre?”

La multitud grito todavía más fuerte: “¡Crucifíquenlo!” ¡Estaba a punto de amotinarse! Pilato pidió un recipiente con agua. Entonces se lavó las manos. “No tengo nada que ver con la sangre que derrame este hombre”, dijo. “Esto es algo que todos ustedes han hecho”. La multitud estuvo de acuerdo.

Pilato dejo en libertad a Barrabas.

Ordeno que azotaran a Jesús y luego lo entrego para que fuera crucificado.

Se burlan de Jesús

La multitud le había dicho a Pilato que quería que Jesús muriera. Pilato ordeno a Jesús fuera llevado al palacio.

Los soldados se le acercaron a Jesús. Lo empujaban en toda dirección. Lo desnudaron y le pusieron la túnica. La túnica era rojo purpura, el color que usan los reyes. Los soldados hicieron esto para burlarse de Jesús.

“¡Miren! ¡Todavía o parece rey!”

“¡Un rey debe tener una corona!”

Luego se le pusieron. Le pusieron un palo en la mano derecha y se arrodillaron frente a él. Los guardias se reían de él.

“¡Viva el rey de los Judíos!”, se burlaban. Lo escupieron y le quitaron el palo. Lo golpearon en la cabeza una y otra vez. Jesús no opuso resistencia en ningún momento.

Los soldados le llevaron a Jesús de nuevo ante Pilato. Este les dijo nuevamente a los líderes religiosos que no había razón para matar a Jesús tan pronto como los líderes religiosos vieron a Jesús comenzaron a gritar: “¡Crucifíquenlo!

¡Crucifíquenlo!”

“¡Crucifíquenlo ustedes! Yo no veo razón para mandar a matar a este hombre”.

“Él dice que es el hijo de Dios”, contestaron. “Y según las leyes Judías debe morir por eso”.

Pilato ingreso de nuevo al palacio.

“¿De dónde vienes en realidad?”, le pregunto Jesús. Jesús no dijo nada.

Pilato dijo: “¿No te das cuenta que tengo el poder de dejarte en libertad?”

Jesús movió la cabeza. Le dijo. “No tienes poder sobre mí. Dios es quien manda aquí”

Pilato trato de nuevo de liberar a Jesús. Pero la gente no se lo permitió.

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