Le llamarán Nazareno

Cuando los sabios se fueron, la familia descansó. El pequeño Jesús dormía y comía, dormía y comía. Conforme pasaban las semanas, se hacía más grande y más fuerte.

Una noche, José tuvo un sueño. Al igual que los sabios, soñó que Dios le decía: “Despierta. Toma al niño y a su madre. Debes huir a Egipto. Quédate ahí hasta que te diga. El rey Herodes va a buscar al niño. Quiere matarlo”.

José se despertó con un sobresalto. El sueño parecía tan real que no dudó que fuera cierto. Durante los últimos días había visto la forma en que Dios controlaba las cosas. José bajó la cabeza y oró: “Sí, mi Dios. Haremos lo que tú digas”.

José despertó a María. Le contó lo que había soñado. Rápidamente empacaron lo poco que poseían y lo pusieron sobre el burro. José levantó tiernamente a Jesús que aún dormía y lo puso en los brazos de María. Tirando del burro se alejaron de la casa y desaparecieron en la oscuridad de la noche.

Entre tanto, el rey Herodes había esperado y esperado que los tres sabios regresaran de su visita.

Cuando vio que no regresarían, se enojó mucho. Él había hecho planes para engañarlos, pero más bien ellos lo habían engañado a él.

“Se suponía que me dirían dónde está este rey de los judíos”. A Herodes no le gustaba la idea de que existiera otro rey. Él quería ser el único rey. “Quienquiera que sea este rey de los judíos, ¡lo mataré! No sé dónde está, ¡pero sé que es tan solo un bebé!”

Herodes ordenó a sus soldados que buscaran al niño rey en todo Belén. Pero cuando llegaron a la casa, estaba vacía. José y María estaban a salvo y camino a Egipto.

Pasaron varios años y por fin murió el malvado rey Herodes. José, María y Jesús pasaron ese tiempo a salvo en Egipto.

Una noche, un ángel del Señor de nuevo se le apareció a José en un sueño. “Despierta y lleva al niño y a su madre de regreso a Israel”, le dijo el ángel.

A la mañana siguiente, José le contó la buena noticia a María. Al poco tiempo iban de regreso a casa. Se establecieron en su pueblo, Nazaret. Mucho, mucho tiempo atrás, los profetas habían dicho que al Mesías le llamarían Nazareno.

José trabajaba como carpintero en Nazaret. La gente le llevaba las mesas y las sillas que necesitaban arreglo. José serruchaba y martillaba