Los discípulos de Jesús

Al poco tiempo, Jesús se les apareció a sus seguidores. Ellos habían estado escondidos en una casa cuando Jesús en persona se les apareció de la nada.

“¡Que la paz sea con ustedes!”, les dijo Jesús. Los discípulos estaban muy asustados. Habían cenado todas las puertas con seguro. Como nadie podía entrar, creyeron que Jesús era un fantasma. Él les dijo que debían haber creído lo que les había contado María Magdalena. Estaba desilusionado de que ellos no hubieran creído.

Después les dijo: “¿Por qué están tan asustados? ¿Por qué dudan de lo que les dice el corazón? Miren mis manos y mis pies. Tóquenme y verán. ¡Un fantasma no tiene carne y huesos como yo!” Entonces Jesús les pidió algo de comer. Quería probarles que no era un fantasma.

Les dijo que todo estaba pasando justo como había sido escrito hacía mucho tiempo. Los libros de los Profetas, de Moisés, y los Salmos habían dicho que esto sucedería.

“Ustedes han visto todo esto. Ahora vayan por todo el mundo y cuenten lo que ha sucedido. Ese será su mayor trabajo”.

Jesús abandonó la habitación. Los discípulos se miraron unos a otros, maravillados. ¡Era demasiado bueno para ser cierto! Sin embargo, era cierto. ¡Jesús había resucitado de entre los muertos! ¡Estaba con ellos de nuevo!

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