Jesús es bautizado

Jesús tenía un primo llamado Juan el Bautista. Juan era el hijo de Isabel, la amiga anciana de María.

Cuando Juan creció y se hizo hombre, Dios le dijo que le llevara un mensaje especial a la gente.

“Prepárense”, les decía Juan.

“¡Prepárense para recibir a aquel que. Vendrá!”

La multitud se sentaba a la orilla del río a escucharlo. Juan bautizaba a la gente. Les enseñaba que el bautismo mostraba como Dios los podría purificar. “Arrepiéntanse. Comiencen una nueva vida”.

Juan levantó la mirada para ver quién seguía en la fila. ¡Era Jesús! Los dos primos se miraron.

Jesús entró al río. Cuando salió, estaba orando. De repente, ¡el cielo parecía haberse dividido en dos! Había descendido el Espíritu Santo de Dios. Una paloma parecía posarse sobre Jesús. Esto le indicó a todos los que estaban mirando que Jesús tenía en él al Espíritu Santo.

Una voz habló desde el cielo e diciendo. “Tú eres mi Hijo. Siempre te he amado. Siempre me has agradado”. Era la voz de Dios. Él le estaba diciendo a la gente que debían escuchar a Jesús.

Jesús y su amigo

Algunas veces, cuando Juan el Bautista predicaba, un grupo de líderes religiosos lo observaban de cerca. Querían saber si Juan era en verdad un profeta enviado de Dios. “¿Quién es este hombre extraño que predica en medio del río?”, se preguntaban.

Los líderes religiosos le preguntaron a Juan: “¿Quién eres?” Juan les respondió: “No soy el Cristo”. Juan sabía que Jesús era el Mesías, o el Cristo.

“Pero entonces, ¿por qué bautizas si no eres el Cristo o el Profeta?” “Bautizo en el agua, pero hay uno que ahora está entre la multitud. No soy lo suficientemente bueno ni para ser su esclavo”. Los fariseos miraron a su alrededor. No vieron a nadie que pareciera importante.

Unos días después, Juan de nuevo vio a Jesús entre la multitud. De nuevo dijo: “Ahí está el Cordero de Dios. ¡Él limpia de pecados al mundo! He usado agua para bautizarlos, pero hay alguien aquí que los bautizará con el Espíritu de Dios! ¡Él es el Hijo de Dios, pero ustedes todavía no Lo conocen!”

Cuando los fariseos oyeron a Juan, se sintieron aún más confundidos y enojados. Vieron a Jesús que caminaba entre la multitud.

“Bastantes problemas tenemos con que Juan tenga tantos seguidores. Si este Jesús se hace todavía más popular que Juan, nuestros problemas serán mayores de lo que pensábamos”. Decidieron vigilar tanto a Juan como a Jesús.