¡No hay más vino!

Unos días después, Jesús y sus discípulos fueron invitados a una boda en el pueblo natal de Natanael, Caná. Hubo una gran fiesta que duró varios días. María, la madre de Jesús, estaba ahí también.

Había mucha, mucha gente en la boda. En las mesas abundaba la comida. Había carne, nueces, arroz, pasteles y frutas.

Los invitados bebieron gran cantidad de vino. A media fiesta, el novio vio que el vino se estaba acabando. “¡Ay!”, se dijo, “¡esto es terrible!”

Era tarea del novio asegurarse de que hubiera suficiente vino. Si se acababa, la fiesta terminaría antes de lo previsto y eso no sería divertido. María notó el problema que tenía el novio. Fue donde Jesús y le dijo: “No tienen vino”.

Jesús le dijo: “¿Pero por qué me comentas sobre esto ahora? Tú sabes que aún no es el momento de que la gente sepa quién soy”.

De todos modos, María llamó a un sirviente. Le dijo que hiciera lo que Jesús le ordenara. Jesús le dijo al sirviente que llenara de agua seis enormes recipientes.

Una vez que estuvieron llenos, él dijo: “Saca ahora un poco de agua. Llévasela al jefe de los camareros”. Cuando el jefe de los camareros probó el vino, se lo llevó al novio.

“¿Qué hizo?”, le preguntó. “Este es el mejor vino que he tomado!” El novio no sabía de dónde venía todo ese vino, pero María sí lo sabía.

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