El loco en el cementerio

Cuando Jesús y sus discípulos llegaron a tierra, vieron algo muy extraño. Había un hombre que tenía demonios en su cuerpo.

Ya no era capaz de controlarse. Andaba desnudo. Las cadenas que llevaba puestas le hacían sangrar las manos y los pies. Estaba sucio y no podía hablar. Vivía en los cementerios y andaba por los montes como un salvaje.

Cuando vio a Jesús, corrió y se arrodilló frente a él. Jesús se dio cuenta de que el hombre estaba fuera de sí. Jesús dijo: “¡Espíritus malignos, salgan del cuerpo de este hombre!”

Cerca había un grupo de cerdos. Jesús les ordenó a los demonios que salieran del hombre y entraran en los cerdos. Los espíritus malignos le obedecieron. Tan pronto entraron en los cerdos, estos se tiraron por un peñasco y cayeron al fondo del mar.

Los hombres que habían estado cuidando los cerdos regresaron rápidamente al pueblo. Cuando toda la gente llegó a ver lo que había sucedido, vieron al loco sentado tranquilamente a los pies de Jesús. Estaba vestido y de nuevo en su sano juicio.

La gente se volvió temerosa del poder de Jesús. Le pidieron que regresara al lugar de donde había venido.

Cuando él y sus discípulos subieron de nuevo a la barca, el hombre que había sido sanado le suplicó que lo dejara acompañarlo. “No”, le dijo Jesús. “Ve a tu casa y di cuánto ha hecho el Señor por ti”.

Entonces el hombre les contó a todos los habitantes de los pueblos cercanos la forma en que Jesús lo había sanado. Y todos se asombraban.

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