A casa del Padre

Jesús se les apareció varias veces a sus discípulos después de que resucitó de entre los muertos. Hizo, milagros. Les enseñó a hacer todo lo !que habían estado aprendiendo a ;hacer. Un mes después de que murió y resucitó de nuevo, Jesús dejó la tierra y se fue a los cielos.

Jesús llevó a sus discípulos a Betania, en las afueras de Jerusalén.

Ahí era donde vivían sus amigos Lázaro, Marta y María. Todos sus seguidores lo rodeaban. Él levantó los brazos y los bendijo. Luego les dijo que fueran directamente a Jerusalén. Debían esperar ahí lo que el Padre les había prometido.

Jesús les dijo. “Juan bautizaba con agua. Ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo dentro de pocos días.

Recibirán poderes una vez que el Espíritu Santo descienda sobre ustedes. Serán mis testigos aquí y en los rincones más apartados de la tierra”.

Luego, algo asombroso sucedió. ¡Jesús fue llevado a los cielos! Subió más alto y más alto hasta que desapareció en una nube. Los discípulos se miraron unos a otros.

Habían visto un milagro tras otro. ¡Ahora este era el más grande de todos! Jesús, que había sido crucificado y había resucitado, ahora había subido al cielo para estar con su Padre.

Los discípulos de Jesús miraban el cielo. Luego, dos hombres vestidos de blanco llegaron y se detuvieron junto a ellos. “Hombres de Galilea, ¿por qué están mirando el cielo? Jesús se ha alejado de ustedes para irse al cielo. Volverá de nuevo de la misma forma en que se fue”.

Los discípulos regresaron a Jerusalén llenos de gozo. Fueron directamente al Templo y le cantaron alabanzas a Dios. Algunos se preguntaban cómo sería este lugar donde Jesús se había ido, el cielo. Recordaron que él les había dicho: “No se preocupen. Crean en Dios.

También crean en mí. Hay muchas habitaciones en la casa de mi Padre.

Pronto me iré y las alistaré para ustedes”. Y por eso Jesús regresó al cielo.

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