Espió al enemigo

Cuando Moisés murió, Josué se convirtió en el líder del pueblo de Dios.  Una vez que acamparon a orillas del rió Jordán, Josué llamó a dos de sus mejores hombres para reunirse en secreto. Ellos eran soldados valientes y astutos. “tengo una misión secreta para ustedes”, les dijo.

A los dos hombres les gustaban las misiones secretas.

“quiero que vayan de espías a la tierra al otro lado del río. Lleguen a la ciudad de Jericó. Averigüen qué tan fuerte es. Averigüen si la gente está preparada para luchar contra nosotros y cuántos soldados tienen.

Vean que tipos de armas usan y si son de bronce o de hierro. Luego regresen y me lo dicen todo. Después de que crucemos el Río Jordán, atacaremos Jericó”.

Los hombres asintieron en la cabeza. Esa tarde, los dos espías se introdujeron en la ciudad. Esta estaba rodeada de murallas altas y anchas.

En la noche se acercaban bien las puertas. Los guardias hacían patrilla sobre las murallas.

Los dos hombres pasaron junto a un grupo de soldados. Una de ellos se volvió y dijo: “¿Quiénes son esos dos forasteros?”

“¡Parecen Israelitas!”

“¡Deténganse! ¡Espías! ¡Deténganlos!”

Los dos podían oír la multitud que los perseguía. Se fueron por un lado y por otro. Corrían por las callejuelas angostas, tratando de encontrar un lugar en donde esconderse.

“¡Aquí!”, les susurró alguien. Los hombres se detuvieron y alzaron la mirada. Vieron a una mujer asomándose a una ventana. “Aquí”, les decía, señalando la puerta que estaba justo debajo de ella. Los espías de Josué abrieron la puerta y entraron rápidamente.

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