Dios es bueno

Cuando Dios decidió que dejaría vivir a los habitantes de Nínive, Jonás no se sintió muy feliz. “señor, ¿cómo pudiste tú salvar a Nínive, esa ciudad tan horrible con toda esa gente tan malvada? ¡No es justo!”

El señor de dijo: “Jonás, ¿qué te pasa? ¿Por qué estás tan enojado?”

Jonás, de mal humor, se retiró a un sitio al este de la ciudad. Ese día, Jonás se sentó bajo el sol ardiente, esperando y observando. Dios hizo que una planta creciera para darle a Jonás una sombra que lo protegiera del sol. Gracias a la planta, pudo observar la ciudad sin sufrir por el calor. Jonás pensó que esta planta era lo único bueno que había en su vida.

Pero Dios hizo que un gusano atacara la planta y al amanecer del día siguiente, la planta se había marchitado. Dios hizo que el viento caliente del este soplara y que el sol diera de lleno en la cabeza de Jonás.

Ese día, Jonás sintió que se desmayaba y suplicó con todas sus fuerzas: “por favor, señor, estoy furioso con esta planta. Hasta ella me ha fallado. Por favor, líbrame de mis penas”.

Entonces Dios le preguntó a Jonás: “¿Por qué habrías de enojarte con la planta?”

Jonás dijo: “Quiero tener de nuevo la planta”.

Entonces el señor le dijo: “Estás enojado porque esta planta murió. Tú querías que viviera a pesar de que no la sembraste. Brotó una noche y murió al día siguiente. Entonces, ¿por qué no habría yo de preocuparme por las cien mil personas de Nínive? Antes de que tú se los dijeras, no sabían que lo que estaban haciendo estaba mal.

“Por esta razón te envié a ellos. Tenían que aprender la diferencia entre el bien y el mal. Ahora, por medio de ti, me han conocido”.

Jonás por fin se dio cuenta de que Dios había dado una gran lección.

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