Historia de Jonás y la Ballena

Tormenta en el mar

Una vez a bordo, Jonás se quedó dormido. Pensó que podría descansar porque había huido de Dios. Pero estaba equivocado.

El señor envió un fuerte viento. Una tormenta terrible levantó las olas. El barco se levantó y caía, meciéndose de un lado a otro. Los marineros decían: “Debe haber alguna razón para que esto suceda. ¡Alguien a bordo debe haber enojado muchísimo a su dios!”

Entonces cada marinero le oró a su propio dios, suplicándole que lo salvara. El viento soplaba cada vez más fuerte. Las olas eran cada vez más grandes.

El capitán bajó y sacudió a Jonás. “¿Cómo puedes dormir durante una tormenta como esta?”, le preguntó.

“Deberías estar orando A TU dios. Quizás él pueda salvarnos”.

Cuando los hombres a bordo se enteraron de que Jonás era Judío, se asustaron mucho. Ellos habían oído hablar del señor, Dios de Israel. “¿Trataste de huir de él?”, le preguntaban una voz baja. Hasta ellos sabían que eso era imposible. Dios lo ve todo.

“Eso tu Dios el que nos está castigando. Dinos, ¿Cómo detendremos esta tormenta?”

Jonás les dijo: “si me tiran al mar se calmará la tormenta”.

Al principio los marineros se rehusaban a lanzar a Jonás: “Oh, señor. Por favor no nos mates con esta tormenta, no hemos hecho nada malo. Solo este hombre es culpable”.

Levantaron a Jonás y lo lanzaron al mar embravecido. De súbito, el viento dejó de soplar. Las olas se calmaron.

El gran pez

Cuando los marineros lo tiraron al mar, Jonás sintió el golpe de algo frío y resbaloso. Si no hubiera estado bajo el agua, habría gritado de terror. ¡Un pez gigante estaba nadando a su alrededor!

De repente el pez abrió su enorme boca y ¡se tragó a Jonás!

Como el pez era tan grande, Jonás pudo ponerse de pie y respirar.

Estaba todo muy oscuro y había un olor agrio muy fuerte.

No fue por casualidad que el pez se había tragado a Jonás. Dios había escogido este pez para darle una lección a Jonás. No importaba dónde fuera, nunca podría esconderse d Dios. Dios quería que Jonás hiciera lo que él le había dicho y que llevara el mensaje del señor a Nínive.

Después de un rato, Jonás pe pidió a Dios que lo perdonara por tratar de huir. Le dio gracias al señor por no olvidarse de él.

Después de tres días y tres noches, el señor hizo que el pez escupiera a Jonás y lo lanzara al agua. Jonás salió junto con una gran corriente de agua. Jonás contuvo la respiración de nuevo mientras daba vueltas en la boca del pez. Cuando se dio cuenta, estaba acostado en la arena seca de una playa.

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