Nacimiento de Jacob y Esau

Los hermanos gemelos

Isaac y Rebeca se casaron y vivieron muy felices. Pero pasaban los años y no tenían ningún bebé. Rebeca e Isaac esperaron mucho tiempo hasta que por fin Isaac oró a Dios, pidiéndole que Rebeca pudiera tener un bebé.

Poco tiempo después, Dios respondió a la oración de Isaac, pero no de la manera esperada. En el vientre de Rebeca no había uno, sino dos bebés. ¡Tendría gemelos!

Los gemelos crecieron. A menudo Rebeca podía sentir los piecesitos que empujaban. Una noche, Rebeca despertó de repente. Los bebés habían estado pateando y moviéndose tanto, que a ella le dolía.

Oró a Dios: “Señor, ¿están bien mis bebés? Si a mí me duele cuando se mueven y patean, a ellos les debe doler también. ¿Por qué pasa esto?”

Dios le respondió: “Los dos bebés que llevas en tu vientre algún día serán los padres de naciones enteras. Un pueblo se hará más fuerte que el otro. Y el hijo mayor hará lo que el menor le diga”.

Llegó el momento en que los bebés de Rebeca nacerían. El mayor, el primero en nacer, tenía la piel rojiza. Tenía todo el cuerpecito cubierto de vellos. Lo llamaron Esaú, que quiere decir “Velludo”.

Un momento después nació el hermano. Su manita se aferraba al pie de Esaú. Entonces los padres lo llamaron Jacob, que quiere decir “Se aferraba al talón”.

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