Ester salva a su pueblo

Era la segunda vez que Amán y el rey cenaban con Ester. Este era el momento por el que ella había estado orando. De nuevo, solo les había servido lo mejor de lo mejor. Al contemplar a su belleza esposa, el rey se sintió muy complacido.

Dirigiéndose a Ester le dijo: “Ahora, querida, dime. ¿Qué es todo esto? ¿Qué es lo que quieres?”

Ester sintió cómo su corazón latía más de prisa. Respiró profundamente. “Po favor, te pido por mi vida, así como por las vidas de todos los de mi pueblo. Vamos a ser destruidos. Eliminados. ¡Todos nosotros!”, le dijo Ester, y luego bajó la cabeza.

“¿Cómo puede ser esto?”, gritó el rey. “¿Qué hombre tan malvado haría esto? ¿Quién es él?”

Ester se incorporó y señaló a Amán. “El enemigo malvado es este hombre. ¡Es Amán!” Horrorizado, Amán casi se ahoga con el vino que estaba tomando.

Amán es enviado a la horca

El rey estaba furioso. Salió de la habitación y se dirigió jardín de Ester. Le suplicó que tuviera misericordia.

El rey regresó a la habitación. Cuando vio a Amán asido a Ester, perdió el control. “¡tú! ¿Cómo te atreves a atacar a la reina? ¡No la toques así!” Los guardias del rey llegaron corriendo. Rápidamente se dieron cuenta de que Amán no viviría mucho tiempo.

El rey dijo: “¡Cuelguen a este hombre!”

Entonces el Rey Asuero le dio la casa de Amán y todo lo que él tenía a la reina Ester. Mardoqueo se dio a conocer. Ester le contó al rey que Mardoqueo era su primo, pero que lo amaba como a un padre.

El rey se quitó el anillo especial y se lo dio a Mardoqueo. Luego Ester le dio todas las propiedades de Amán a Mardoqueo.

Una oportunidad para sobrevivir

Después de que Mardoqueo recibió su recompensa, la reina fue de nuevo donde el rey. Nuevamente ponía su vida en peligro. Si el rey no levantaba el cetro de oro en dirección a ella, moriría ese mismo día.

Tan pronto como Ester vio al rey, se postró a sus pies. Sollozó y se lamentó. El rey levantó su cetro de oro. ¡Estaba a salvo! “Por favor! ¿Es posible que mi pueblo escape de la terrible orden que dio Amán?”

Ester sabía que una vez que el rey daba una orden, era imposible dejar de cumplirla. El rey tuvo una idea. Mandó a llamar a Mardoqueo. “Mardoqueo, ahora tú tienes mi anillo. Da otra orden, una que pueda salvar a los judíos”

Mardoqueo dio una orden así: “A todos los judíos se les permitiría defenderse cuando sus enemigos los ataquen el día de la batalla”.

Conforme se propagaban la noticia, los judíos se regocijaban. Muchos que no eran judíos querían serlo. Sabían quién iba a ganar la próxima batalla.

La defensa

El día de la batalla coincidió con el día que Amán había fijado. Pero lo que sucedió no fue ni remotamente parecido a lo que Amán había hubiera querido. Dios bendijo a los judíos y los convirtió en grandes luchadores. Los enemigos del pueblo de Dios fueron los que murieron ese día, ¡no los otros! El día de la batalla, todos los príncipes y los generales se unieron al bando de Mardoqueo. Le ayudaron al pueblo de Dios a defenderse de sus enemigos.

Entonces Mardoqueo dio otra orden. Esta decía que los judíos de todo el reino no debían olvidar nunca la forma extraña y poderosa en que Dios les había ayudado. Todos los años deberían recordarlo y celebrarlo con una gran fiesta. Después, todos debían darles comida a los pobres.

Después de la celebración, la Reina Ester continuó gobernado Persia junto al rey, durante muchos, muchos años.

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