La reina Ester salva a su pueblo

Ester salva a su pueblo

Era una noche tranquila en el palacio, pero para la reina Ester, era una noche llena de tensión y esperanza. Sabía que esa cena decidiría el futuro de su gente. Por eso, todo tenía que ser perfecto.

El rey y Amán estaban en la mesa, disfrutando de los deliciosos platillos. La reina Ester había elegido con cuidado cada bocado, buscando que fuera una cena inolvidable. El rey, al ver a su hermosa esposa, no podía dejar de sonreír. Pero notó algo en su mirada, algo que decía que había algo más detrás de esa cena.

El rey se inclinó hacia adelante, mirando a Ester con interés. “Querida Ester,” preguntó, “has organizado esta cena por una razón. ¿Qué deseas contarme?”. Esa era la pregunta que Ester esperaba y temía al mismo tiempo.

Ester tomó una profunda respiración y, reuniendo todo su valor, respondió: “Pido por mi vida y por la de mi pueblo. Estamos en peligro, mi rey. Alguien quiere destruirnos a todos.”

El rey parecía asombrado. “¿Quién se atrevería a hacer algo así?”, exclamó.

Y entonces, Ester, con la mirada fija y decidida, señaló a Amán. “¡Es él! ¡Amán quiere destruir a mi pueblo!” El ambiente en la habitación cambió instantáneamente. El rey se puso de pie, su rostro rojo de ira, mientras que Amán, sorprendido, derramó su copa de vino.

Chicos, esta parte de la historia de la Biblia nos enseña sobre el coraje y la valentía de la reina Ester. Ella decidió enfrentar el peligro y hablar por aquellos que no podían hacerlo por sí mismos.

Gracias a su valentía, Ester salva a su pueblo y nos deja una lección invaluable sobre defender lo que es correcto, incluso cuando es difícil.

Amán es enviado a la horca

La historia de cómo Ester salva a su pueblo en la Biblia es una lección increíble de coraje y fe. Llegamos ahora al momento crucial donde la valiente reina Ester enfrenta a Amán y revela su malvado plan al rey Asuero.

El rey estaba tan furioso que no podía contener su ira. Se levantó de la mesa y salió de la habitación, dirigiéndose hacia el hermoso jardín de Ester. Allí, bajo las brillantes estrellas, suplicó a Dios que le diera sabiduría y misericordia.

Cuando regresó, lo que encontró lo enfureció aún más. Amán estaba de rodillas, suplicando a Ester por su vida, pero parecía que la estaba atacando. “¡Tú! ¿Cómo te atreves a atacar a la reina? ¡No la toques así!”, gritó el rey.

Los guardias llegaron corriendo, y en un abrir y cerrar de ojos, todos en la habitación sabían que Amán no viviría mucho tiempo. La justicia estaba siendo servida.

El rey, con un tono solemne, ordenó: “¡Cuelguen a este hombre!” Así se cumplió el castigo por la traición y la maldad de Amán.

Entonces, con amor y gratitud en sus ojos, el rey Asuero le dio a la reina Ester la casa de Amán y todas sus riquezas. Ester, a su vez, presentó a Mardoqueo, su primo, a quien amaba como a un padre. El rey, en un gesto de honor y respeto, se quitó su anillo especial y se lo entregó a Mardoqueo.

La historia de cómo Ester salva a su pueblo no solo nos muestra la valentía de una reina, sino también la justicia y misericordia de un rey. Nos enseña, que siempre debemos luchar por lo que es correcto y confiar en que la verdad prevalecerá.

Una oportunidad para sobrevivir

Después de que Mardoqueo recibió su recompensa, la reina Ester fue nuevamente donde el rey Asuero. Con su corazón latiendo fuerte en su pecho, sabía que estaba arriesgando su vida. Si el rey no levantaba el cetro de oro en dirección a ella, moriría ese mismo día.

Con un profundo suspiro y una oración en su corazón, Ester se acercó al trono y se postró a los pies del rey. Sus sollozos y lamentos llenaron la habitación. El rey, con compasión en sus ojos, levantó su cetro de oro. ¡Estaba a salvo!

“¡Por favor! ¿Es posible que mi pueblo escape de la terrible orden que dio Amán?”, suplicó Ester, sabiendo que una vez que el rey daba una orden, era imposible dejar de cumplirla.

El rey tuvo una idea. Mandó a llamar a Mardoqueo, el recién nombrado consejero, y le dijo: “Mardoqueo, ahora tú tienes mi anillo. Da otra orden, una que pueda salvar a los judíos.”

Mardoqueo, con sabiduría y amor por su pueblo, dio una orden así: “A todos los judíos se les permitiría defenderse cuando sus enemigos los ataquen el día de la batalla.”

Las noticias se propagaron rápidamente y los judíos se regocijaron. Incluso muchos que no eran judíos querían serlo, ya que sabían quién iba a ganar la próxima batalla.

Un Final Triunfante

El día de la batalla coincidió con el día que Amán había fijado. Pero lo que sucedió no fue ni remotamente parecido a lo que Amán hubiera querido. Dios bendijo a los judíos y los convirtió en grandes luchadores. Los enemigos del pueblo de Dios fueron los que murieron ese día, ¡no los otros!

Los niños judíos, sus padres y todos en el pueblo estaban asombrados y felices. En el día de la batalla, todos los príncipes y los generales se unieron al bando de Mardoqueo, un verdadero héroe en esta historia. Le ayudaron al pueblo de Dios a defenderse de sus enemigos.

Después de la victoria, Mardoqueo, sabio y piadoso, dio otra orden. Esta decía que los judíos de todo el reino no debían olvidar nunca la forma extraña y poderosa en que Dios les había ayudado. Todos los años deberían recordarlo y celebrarlo con una gran fiesta. Después, todos debían darles comida a los pobres.

La reina Ester, con su corazón lleno de amor y gratitud, participó en esta celebración y luego continuó gobernando Persia junto al rey, durante muchos, muchos años.

Y así, concluye nuestra historia de cómo Ester salva a su pueblo. Es una lección de la Biblia que nos enseña que, con fe en Dios y amor por los demás, podemos superar cualquier obstáculo.

Recuerden siempre ser valientes como la reina Ester, compasivos como Mardoqueo y confiar en Dios en todo momento. ¡Él siempre tiene un plan para nosotros!