Una forma extraña de cruzar un río

Eliseo se quedó de pie viendo cómo el profeta Elías era llevado al cielo. ¡Era un espectáculo maravilloso! Los caballos en llamas cruzaban por los cielos. Tiraban un carruaje tan brillante que parecía que estuviera en llamas. Elías iba en el carruaje de fuego. El viento sopló en los oídos de Eliseo. Se protegió los ojos con las manos pues la luz era muy brillante. A su alrededor se formó un torbellino de arena.

Luego, súbitamente, todo quedó en calma. Eliseo bajó las manos y levanto la vista. Elías se había ido. El cielo estaba vacío y el viento se había calmado. Eliseo miró a su alrededor.

Estaba solo.

Se inclinó y recogió el manto de Elías. Luego se volvió hacia el río Jordán. Tomó el manto y golpeó las aguas.

“¿Dónde está el señor. El Dios de Elías?”, gritó. Cuando Eliseo tocó el agua con el manto de Elías, el agua retrocedió hasta formar una pared con las olas. Eliseo cruzó por una sección de tierra seca. Cuando llegó al otro lado, las aguas se juntaron de nuevo haciendo un gran ruido.

El deseo de Eliseo se había hecho realidad. Dios le había dado el mismo espíritu de profeta que tenía Elías. Eliseo el profeta estaba preparado para ir donde Dios lo enviara.

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