Historia de Débora

Historia de Débora

La mujer sabia bajo la palmera

Pasaron muchos, muchos años. El pueblo de Israel olvidó las promesas que les había hecho a Moisés y a Dios. Adoraban otros dioses. Entonces el señor dejó que los conquistaran los enemigos, el Rey Jabín y su general Sísara.

En esa época, el señor había enviado a una mujer llamada Débora para que fuera juez de Israel. Dios la había bendecido y le había dado sabiduría. Ella amaba mucho al señor su Dios. A menudo le decía a su gente que escuchara a Dios y lo obedeciera. Pero la mayoría simplemente se reía de ella.

Como era juez, Débora escuchaba todos los problemas que tenía la gente. Cuando Débora daba audiencia, se sentaban bajo una palmera. Entonces todos esperaban en fila para poder hablar con ella.

Un día Débora mandó a buscar a Beracá, un soldado israelita.

“Beracá, tienen que buscar diez mil hombres. Llévelos hasta el monte Tabor. Cuando el general Sísara se entere que usted está ahí, él llevará sus carruajes y sus tropas. Liberaremos una gran batalla y lo derrotaremos en el Río”.

“Está bien. Si usted lo dice, Débora. Pero no quiero librar esta batalla si usted no está ahí también”. Débora le sonrió. “¿tienen menos fe en Dios que en mí?”, le preguntó. “Está bien. Sin embargo, como no confió en Dios, él le dará la victoria a una mujer y no a usted”.

Cuando llegó el día de la batalla, Beracá guio las tropas. Débora alzó los brazos y oró en la cima de la montaña. Dios hizo que muchas cosas les dieran mal a las tropas de Sísara. Antes de que Beracá se diera cuenta, estaba persiguiendo a todos los soldados de Sísara que huían hacia las colinas. ¡El pueblo de Israel había ganado la batalla!

¿Quién matara a Sísara?

Cuando el general Sísara vio que había perdido la batalla, huyó corriendo. Buscó un sitio donde esconderse. Vio la casa de uno de los amigos del rey Jabín. “¡Ah!”, pensó, estas personas me esconderán”.

Una mujer salió a recibirlo. Sísara no lo sabía, pero en el fondo, Jael le dio leche y luego lo cubrió con una frazada.

El general Sísara se quedó dormido profundamente. Jael llegó de puntillas a su lado. En la mano llevaba una estaca de la tienda y un martillo. Entonces Jael mató al general Sísara.

Entre tanto, Beracá buscaba a Sísara. Cuando llegó a la tienda de Jael, ella salió a recibirlo. Preguntaban: “¿Quién mató a Sísara?”

Beracá miró a Débora. El crédito por haber matado a Sísara era para una mujer. Levantó muy en alto la mano de Jael para que la multitud pudiera verla. “¡Esta mujer! ¡Jael mató a Sísara!”

Todo el pueblo de Israel aclamó a Jael. Sin embargo, Débora y Beracá les dijeron que el señor Dios era el que había ganado la batalla por ellos. Entonces cantaron una canción sobre la victoria de Dios.

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