Todo se pierde

Los fieros filisteos iban a atacar Israel. Entre los líderes estaba el rey Aquís de Gat. Este rey había protegido a David cuando huía de Saúl. Aquís les había pedido a David y a sus hombres que marchara con él. Quería que David luchara contra su propio pueblo, los israelitas.

Cuando los generales filisteos oyeron esto dijeron: “No, No queremos que David esté con nosotros durante la batalla. ¿Qué pasaría si decide cambiar de bando?”

Entonces Equis les dijo a David y a sus hombres que regresaran con sus familias. David se fue a casa en Siclag. Ahí era donde había estado viviendo por más de un año. Al llegar a Siclag vio algo terrible.

¡La ciudad estaba en llamas! Mientras David y sus hombres habían estado lejos, ¡los amalecitas habían saqueado el lugar! ¡Todas las familias habían sido tomadas prisioneras!

David reunió a sus hombres.

Seiscientos lo siguieron. Doscientos más, que estaban muy cansados, se quedaron. Durante todo el día siguieron las huellas de los amalecitas. Al anochecer, David y sus hombres atacaron. Lucharon fieramente durante toda la noche y hasta el amanecer. Las mujeres y los niños corrían en todas direcciones. Finalmente, David y sus hombres ganaron la batalla. Solo cuatrocientos amalecitas escaparon convida. Y eso únicamente porque tenía camellos.