Ser diferentes

Daniel y sus amigos sabían que eran diferentes. Pero no les importaba. Se sentían orgullosos de ser miembros del pueblo escogido de Dios.

Los amigos de Daniel se llamaban Ananías, Misael y Azarías. Juntos eran los chicos más inteligentes que habían llevado a Babilonia. Los babilonios hicieron que estos muchachos estudiaran la historia, los libros y el idioma de Babilonia. Y les dieron nombres babilónicos.

El capitán del rey, un hombre llamado Aspenáz, les dio nombres nuevos. A Daniel lo llamó Beltsasar, y a Ananías, Sadrac, a Misael. Mesac y a Azarías, Abed-nego.

El rey Nabucodonosor les ordenó a los jóvenes que comieran solo la mejor comida. Se suponía que debían comer muchas legumbres frescas y carne, y tomar vino todo los días.

Solo había un problema. La carne y el vino que los babilonios les daban a Daniel y a sus amigos no eran de tipo que se le permitían comer al pueblo de Dios. Las leyes que Dios le había dado a Moisés decía que los judíos podían comer solo ciertas clases de carne. Esta carne tenía que ser de animales que hubieran sido matados de cierta forma.

Daniel y sus amigos habían aprendido las reglas cuando eran pequeños, cuando todavía vivía con sus familias en Jerusalén. Daniel decidió que no se desobedecería las reglas de Dios le había dado a su pueblo.

Una prueba de fe

Daniel fue a ver Aspenaz. Señalando la comida que había en la mesa, le dijo: “Por favor, señor, vine a pedirle ayuda. No puedo obedecer las órdenes del rey”.

Aspenaz fijó la mirada en el muchacho que tenía al frente. Dios había enviado un mensaje sobre Daniel al corazón de Azpenas. Mientras lo escuchaba, sabía que ayudaría al muchacho, sin importar a qué costo.

“Pero Daniel, no puedes hacer eso. Si el rey descubre que no te he alimentado como él dijo, ordenará que me maten. ¿Qué haré cuando vea que sus rostros son más pálidos y más delgados que los de los otros muchachos?”

Daniel permaneció callado un momento. Luego sonrió y dijo: “¡Ya sé!”

Fue rápidamente donde el guardia que Aspenaz le había asignado y le dijo: “¿Podría darnos un plazo de diez días a mis amigos y a mí? Denos solo legumbres y agua. Después de los diez días verá si nos vemos mejor o peor que los otros muchachos que comen los alimentos especiales que el rey ordena”. El guardia se quedó mirando Aspenaz y asintió con la cabeza. Entonces comenzó la prueba.

La prueba

El guardia cumplió la promesa. Durante diez días que Daniel, Ananías, Misael y Azarías comieran solo legumbres y tomaran solo agua. Pasando ese tiempo, los cuatro muchachos hicieron ejercicios frente a Aspenaz.

¡Aspenaz no podía creer lo que veía! ¡Daniel y sus amigos habían ganado más peso que los otros muchachos! No solo eso, sino que les brillaban los ojos. Una sonrisa les iluminaba el rostro. Los otros muchachos estaban extenuados, ¡Pero Daniel y sus amigos todavía tenían muchas energías!

Aspenaz le dijo al guardia que durante los tres años restantes, los muchachos solo comerían legumbres y tomarían solo agua. Dios continuó bendiciéndolos y crecieron sanos y fuertes.

Dios también les ayudó a los cuatro muchachos a ser inteligentes y sabios. Aprendieron todo lo que pudieron sobre los libros, la historia y el idioma de Babilonia. Daniel hasta podía decirles a las personas qué significaba lo que soñaban.

Cuando pasaron los tres años, Aspenaz llevó a los muchachos donde el rey Nabucodonosor. El rey los examinó sobre todo lo que habían estudiado. Le hizo muchas preguntas difíciles. De las respuestas que dieron todos los muchachos que estaban ahí, las de Daniel, Ananías, Misael y Azarías fueron las mejores y más sabias. Entonces el mismo rey los escogió para que fueran sus consejeros.

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