Saúl es Ungido Como Rey

Saúl se convierte en rey

Cuando Saúl se volvió para alejarse de Samuel, Dios hizo algo especial. Cambió los sentimientos de Saúl. Ahora que Saúl había visto que todo lo que Samuel había predicho sucedería, estaba seguro que Dios había hecho que así fuera.

Más tarde, ese mismo día, Saúl tuvo noticias de los burros, tal y como Samuel lo había dicho.

Al poco tiempo Samuel reunió a la gente y le preguntó: “¿Todavía quieren tener un rey?”

La gente gritó: “¿Sí, queremos un rey?”

“Está bien. Dios escogerá un rey para ustedes”, les dijo Samuel. Entonces Samuel tiró los dados. Mediante los dados, Dios escogió a la tribu de Benjamín. Una por una, Samuel revisó las familias de Benjamín. Dios indicó que quería a la familia Matri. Esta era la familia de Saúl.

Luego Samuel preguntó por cada hombre en la familia hasta que Dios escogió a Saúl. Preguntó: “¿Dónde está este hombre?”

La gente miraba a todas partes. “¿Quién es Saúl? ¿Dónde está este hombre?”

Samuel le preguntó al señor. Él dijo que Saúl estaba escondido entre los sacos y las canastas.

Las personas buscaron a Saúl hasta que lo encontraron. Lo trajeron frente a Samuel. “Miren qué alto que es”, les dijo Samuel. “¡Este es su rey!” la gente vitoreó: “¡Qué viva el rey!”

Samuel le dijo al pueblo cuáles eran las reglas que debían seguir si tenían un rey. Después las escribió en un rollo de papiro.

Siempre y cuando Saúl cumpliera las reglas de Dios, el señor lo bendeciría.

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Después del banquete, Saúl pasó la noche en la casa de Samuel.

Durmieron en el techo pues hacía mucho calor. A la mañana siguiente Samuel le dijo a Saúl que ya era hora de que volviera a casa.

Cuando bajaban hacia las afueras del pueblo, Samuel se detuvo. Se volvió hacia Saúl era un hombre especial a los ojos de Dios. “El señor te ha elegido para que guíes su pueblo y lo gobiernes como rey”.

Saúl bajó la cabeza. “¿Cómo puede ser esto?”, se preguntó. Tofo lo que había sucedido le parecía grandioso e imposible. ¿Cómo podía Samuel saber todo eso?. La respuesta era simple; Dios lo había dicho.

“Saúl, cuando te vayas hoy, te encontrarás con dos hombres que dirán “Ya encontraron los burros que has estado buscando”. Ahora regresa donde tu padre, antes de que comience a preocuparse”.

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Samuel se convirtió en un gran profeta. Le decía a la gente qué era lo que Dios quería. Llego un momento, sin embargo, en que la gente le decía a Dios qué era lo que ellos querían. Querían un rey.

“No, ustedes deben permitir que Dios sea su rey”, les decía Samuel. Pero la gente no lo escuchaba. “Está bien”, les dijo Samuel. “Tendrán un rey. Ahora regresen a casa”.

En esa época vivía un hombre muy bien parecido que pertenecía a la tribu más pequeña de Israel. Se llamaba Saúl. Al padre Saúl se le había perdido unos burros, por lo que envió a sus hijos a buscarlos.

Saúl y su ayudante buscaron los burros por todas partes. No pudieron encontrarlos. Saúl estuvo ausente durante muchos, muchos días. Al fin, quiso regresar a casa. Su ayudante le dijo: “Cerca de aquí vive un hombre de Dios. Es muy sabio. Quizás deberíamos preguntarle si sabe dónde están los burros”.

Los dos hombres se dirigieron a casa de Samuel. Sucede que el día anterior, Dios le había dichos a Samuel: “Un forastero llegará a tu casa mañana. Él es el que se convertirá en el rey de mi pueblo”.

Samuel se pasó todo el día esperando al forastero. Cuando Saúl lo vio, de pie en la entrada, le preguntó: “¿Sabe usted Dónde está el hombre de Dios?”

“Soy yo”, le dijo Samuel. “Y el señor ya me ha hablado de ti. Tus burros están a salvo. Ven conmigo a la cima de aquella de colina”, le dijo Samuel mientras señalaba. “Ahí están dando un banquete. Tú `puedes sentarte en la cabeza de la mesa. Algún día te convertirás en un hombre muy importante”.

Saúl apenas podía creer lo que oía mientras seguía a Samuel hacia la colina.

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