El pacto que hizo Dios con Abraham

Después de rescatar a Lot y recibir la bendición de Melquisedec, Abram continuó viviendo en la tierra de Canaán. Aunque había recibido promesas de Dios, Abram y su esposa Sarai seguían sin tener hijos, lo que les preocupaba profundamente.

Una noche, Dios habló a Abram en una visión: “No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu recompensa será muy grande”. Pero Abram respondió: “Señor Dios, ¿qué me darás, puesto que sigo sin hijos, y el heredero de mi casa es Eliezer de Damasco?” Abram continuó: “Tú no me has dado descendencia, y uno nacido en mi casa es mi heredero”.

Entonces, la palabra del Señor vino a él: “Ese no será tu heredero; sino uno que saldrá de tu propio cuerpo será tu heredero”. Dios llevó a Abram afuera y le dijo: “Mira ahora al cielo y cuenta las estrellas, si puedes contarlas”. Y agregó: “Así será tu descendencia”. Abram creyó en el Señor, y Dios se lo reconoció como justicia.

Luego, Dios le dijo: “Yo soy el Señor que te saqué de Ur de los caldeos para darte esta tierra como heredad”. Abram preguntó: “Señor Dios, ¿cómo sabré que la poseeré?” Dios le respondió: “Tráeme una novilla de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón”.

Abram trajo todos estos animales, los partió por la mitad y puso cada mitad frente a la otra, pero no partió las aves. Los buitres descendían sobre los cuerpos muertos, pero Abram los ahuyentaba.

Al ponerse el sol, Abram cayó en un profundo sueño, y el temor de una gran oscuridad cayó sobre él. Entonces, Dios le dijo: “Sabe con certeza que tus descendientes serán extranjeros en una tierra que no es suya, donde serán esclavos y serán oprimidos durante cuatrocientos años. Pero yo juzgaré a la nación a la que servirán, y después saldrán con grandes posesiones. Tú, sin embargo, irás a tus padres en paz y serás sepultado en buena vejez. En la cuarta generación volverán aquí, porque la maldad de los amorreos no ha alcanzado su colmo”.

Cuando el sol se puso y cayó la oscuridad, un horno humeante y una antorcha de fuego pasaron entre los animales divididos. Ese día, el Señor hizo un pacto con Abram, diciendo: “A tus descendientes les daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el gran río, el Éufrates: la tierra de los ceneos, cenezeos, cadmoneos, hititas, ferezeos, refaítas, amorreos, cananeos, gergeseos y jebuseos”.

Conclusión

El pacto de Dios con Abram es un momento crucial en la historia de la Biblia, donde Dios reafirma su promesa de darle una gran descendencia y una tierra para ellos.

La fe de Abram en las promesas de Dios y su disposición a seguir las instrucciones divinas nos enseñan sobre la importancia de confiar en Dios, incluso cuando las promesas parecen imposibles de cumplir. Esta historia nos recuerda que Dios es fiel y cumple sus promesas.