Abraham en Egipto

Después de que Abraham respondió al llamado de Dios y se estableció en la tierra de Canaán, surgió una gran hambruna en la tierra. La escasez de alimentos obligó a Abraham y su familia a buscar refugio temporal en Egipto, un lugar conocido por su abundancia de recursos.

Abraham, temiendo por su vida debido a la belleza de su esposa Sara, le dijo: “Sé que eres una mujer muy hermosa, y cuando los egipcios te vean, dirán: ‘Esta es su esposa’, y me matarán a mí, pero a ti te dejarán con vida. Por favor, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya y mi vida sea salvada gracias a ti”.

Cuando Abraham y Sara llegaron a Egipto, tal como Abraham había predicho, los egipcios vieron que Sara era muy hermosa. Los funcionarios del faraón la notaron y la elogiaron delante de él.

Entonces, llevaron a Sara al palacio del faraón. Gracias a ella, el faraón trató bien a Abraham y le dio ovejas, ganado, asnos, siervos y siervas, asnas y camellos.

Pero el Señor envió grandes plagas sobre el faraón y su casa por causa de Sara, la esposa de Abraham. Las plagas eran una señal clara del descontento de Dios por la situación.

El faraón, al darse cuenta de que las plagas estaban relacionadas con Sara, llamó a Abraham y le dijo: “¿Qué me has hecho? ¿Por qué no me dijiste que era tu esposa? ¿Por qué dijiste: ‘Es mi hermana’, de manera que la tomé por esposa? Aquí está tu esposa; tómala y vete”.

Entonces el faraón dio órdenes a sus hombres sobre Abraham, y lo enviaron con su esposa y todo lo que tenía. Así, Abraham salió de Egipto con Sara y todo lo que poseían, y volvió a la tierra de Canaán. A pesar del temor y las dificultades, Dios protegió a Abraham y a su familia, y los bendijo con muchos bienes.

Abraham regresó a la tierra de Canaán, al lugar entre Betel y Hai, donde había construido un altar al Señor. Allí invocó el nombre del Señor y ofreció agradecimientos por la protección y las bendiciones recibidas.

Conclusión

La historia de Abraham en Egipto nos muestra cómo a veces tratamos de resolver nuestros problemas por nuestra cuenta y cometemos errores, pero Dios sigue cuidando de nosotros. A pesar del miedo de Abraham y de la situación difícil, Dios lo protegió y lo bendijo.

Esta historia nos recuerda que Dios siempre está con nosotros, incluso cuando enfrentamos dificultades y tomamos decisiones equivocadas.